Escuchar artículo

Por la Redacción de Los Reporteros

 

La política, cuando se despoja de su vocación de servicio, suele refugiarse en la construcción de relatos Sin embargo, existe un límite peligroso en el ejercicio del poder: aquel donde la brecha entre el discurso oficial y la vida cotidiana de los ciudadanos se vuelve tan abismal que bordea el alienamiento institucional. Hoy, la gestión del presidente Javier Milei atraviesa exactamente ese umbral.

Mientras los indicadores económicos de la economía real exponen números dramáticos —con una Inversión Bruta Interna que se desplomó un 5,2% en septiembre y acumula un retroceso del 7,6% en el año, la destrucción de más de 155 mil puestos de trabajo registrados y un Salario Mínimo que tocó el nivel más bajo desde 2003—, la narrativa de la Casa Rosada insiste en celebrar una bonanza que solo existe en las pantallas y en los gráficos financieros.

La desconexión no es solo estadística; es profundamente humana. En la Argentina real, noviembre desembarca con aumentos desmedidos en los colectivos (cuyo boleto mínimo en la provincia de Buenos Aires supera los $1.200), subas en las prepagas, peajes, alquileres y colegios privados. La frase "no hay plata" pasó de ser una consigna de austeridad fiscal a convertirse en una condena cotidiana para millones de familias, trabajadores y jubilados cuya capacidad de consumo se evapora antes de promediar el mes.

La calle habla: voces del ajuste cotidiano

Para entender el verdadero impacto de esta brecha no hace falta recorrer pasillos ministeriales, sino caminar los centros comerciales, las paradas de colectivo y las pymes del conurbano bonaerense y del interior del país:

"Antes vendíamos por semana lo que hoy no colocamos en un mes. La gente entra, mira los precios y se va. Tuvimos que suspender a dos empleados porque los costos fijos de luz y alquiler nos devoran los ingresos"

— Roberto M., comerciante textil del centro de San Martín.

"Esperar el colectivo todos los días a las seis de la mañana sin garita, bajo la lluvia, para ir a trabajar a un taller y saber que el pasaje te come casi un 15% del sueldo diario te hace sentir que trabajás solo para viajar"

— Andrea S., trabajadora fabril y vecina de Berisso.

"En los hospitales y consultorios privados vemos cómo las familias van dando de baja los planes de salud porque la prepaga aumentó por encima de cualquier incremento salarial. Nos quedamos sin pacientes y la gente se queda sin cobertura"

— Dr. Marcelo G., médico profesional de la zona sur del AMBA.

Entre el microclima financiero y la parálisis de la gestión

Sin embargo, el Poder Ejecutivo parece habitar un microclima paralelo. En lugar de ofrecer respuestas concretas a la parálisis de los mercados internos y a la caída en la importación de bienes de capital (-17,2%), la agenda de la Presidencia se consume en batallas ideológicas abstractas, la persecución de internas políticas en las provincias para 2027 —que terminan paralizando la negociación del Presupuesto en el Congreso— y la fascinación por la política exterior ajena, como se evidenció en la vergonzosa controversia diplomática tras el triunfo de Lula da Silva en Brasil y el opaco tránsito fronterizo de Flávio Bolsonaro.

La falta de gestión también se trasluce en la parálisis de las obras públicas y el retraso de los desembolsos prometidos a las economías regionales. Mientas las pymes y la industria sufren noveno mes consecutivo de caída en las ventas y las familias recurren al endeudamiento con tarjeta para comprar alimentos básicos, el discurso oficial apela a un optimismo desconectado de la mesa familiar.

Un país no se gobierna con likes en redes sociales ni con la validación de foros internacionales lejanos. Se gobierna mirando a la cara a los sectores productivos, a los comercios que bajan sus persianas, a las pymes sofocadas por las tarifas y a los usuarios que esperan el colectivo sin refugio en el conurbano y el interior.

Desde la mesa de redacción de Los Reporteros sostenemos que la gobernabilidad no se sostiene únicamente con el blindaje de decretos ni con la confrontación permanente. Sostener que la economía "vuela" mientras la calle se hunde en la pérdida de empleo e ingresos es una muestra de insensibilidad que la historia política argentina ya ha castigado con severidad. Es hora de que el Gobierno nacional baje del atril de las teorías abstractas, ponga los pies en la tierra y comience a atender la dura, compleja y urgente realidad de los argentinos.

Autor: admin