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POLICIALES | El horror vivido este lunes en la Escuela N° 40 "Mariano Moreno" de San Cristóbal, Santa Fe, sigue sumando capítulos oscuros. Mientras la comunidad despide los restos de Ian Cabrera, la víctima fatal del ataque, los peritos informáticos comenzaron a desandar el camino digital de G.C., el joven de 15 años que ingresó al establecimiento con una escopeta oculta en una funda de guitarra.

 

 

Lo que encontraron en sus redes sociales y plataformas de video describe un perfil obsesivo, violento y profundamente perturbado que, según los expertos, constituye una serie de "alertas rojas" que nadie supo o pudo interpretar a tiempo.

El culto a la violencia

Bajo el seudónimo de "G.C.", el atacante era un usuario activo en foros y plataformas donde se comparten videos de muertes violentas y ejecuciones. Según trascendió de la investigación, el joven no solo consumía este contenido, sino que interactuaba con otros usuarios bajo una estética macabra:

 

 

  • Imágenes simbólicas: Su perfil estaba decorado con la obra "La lección de anatomía" de Rembrandt, un cuadro que muestra una disección humana, lo que para los investigadores denota una fijación con la vulnerabilidad del cuerpo.

     

     

  • Admiración por masacres: En sus interacciones, el joven mostraba una marcada obsesión con matanzas escolares históricas, como la de Columbine. Incluso, habría mantenido diálogos en comunidades digitales donde se "puntúan" o critican los ataques masivos por su "efectividad".
  • Señales de autolesión: Allegados a la causa indicaron que el adolescente presentaba marcas de autolesiones y habría estado bajo tratamiento psicológico previo, aunque nada hacía presagiar un desenlace de esta magnitud.

     

     

"Gritó sorpresa y empezó a disparar"

Los testimonios de los compañeros que sobrevivieron al ataque coinciden en una frialdad absoluta. El agresor salió del baño de la planta alta, gritó "¡Sorpresa!" y comenzó a efectuar disparos al voleo.

 

 

"Se reía mientras disparaba. Parecía que estaba disfrutando el caos", relató uno de los estudiantes que logró escapar rompiendo una ventana.

 

 

Un entorno complejo

La investigación también puso la lupa sobre el entorno familiar del menor. Su padre, un camionero con antecedentes de consumo problemático de sustancias, reside en Entre Ríos desde hace dos años, dejando al joven en un contexto de vulnerabilidad que, sumado a su actividad digital, formó un cóctel letal.

Por su edad (15 años), el tirador es considerado inimputable por la ley actual, por lo que la justicia ha dispuesto medidas de resguardo y tratamiento en centros especializados, mientras la ciudad de San Cristóbal intenta procesar una tragedia que cambió su historia para siempre.

Autor: admin